El inconformista, insatisfecho pero paciente. La montaña, indiferente, orgullosa, consciente de su superioridad. Quizá en esa consciencia residía su punto débil. Él lo intuía, aunque jamás lo supo con certeza. Así fue como todo empezó. Con un atisbo fugaz de lo que podía ser o no una certeza. Para demostrarlo, un solo camino. La única opción para el inconformista, llegar al final de todo. acariciar el fondo con las yemas de los dedos o... la nada. Siempre en el borde del precipicio, preguntándose el porqué de todo, nunca siguiendo el mismo camino que el resto de sus hermanos. Sopla y silba el viento, copos de nieve se deslizan entre las copas de los árboles, la oscuridad se extiende por cada uno de los senderos que recorren la montaña, desde el valle hasta la cima.
Ella sonríe. Él se abriga y concentra sus esfuerzos en lo único importante: primero un pie y luego el otro. La secuencia sagrada para cualquier osado que pretenda vencerla. La ausencia de pensamiento y consciencia es su mayor virtud... Cae la noche. Lloran las estrellas porque saben que, por fin, todo ha comenzado.
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